Recortes de Prensa, Julio Cortázar.

Stephanie Lorente Lancero.  

  Recortes de Prensa nos relata una historia un tanto inquietante. La protagonista principal es una escritora que es contratada por un amigo escultor para que esta escriba sobre las esculturas de su amigo, hacer unas referencias literarias de su obra. Las esculturas de su amigo reflejan la violencia y al mismo tiempo este le muestra un artículo en el que se describe la historia de una mujer que ha perdido a toda su familia violentamente. Este artículo hace enfurecerse tanto a la escritora como al escultor puesto que ellos solamente retratan la realidad, retratan esa violencia existente pero no hacen nada para combatirla, no están ahí en el momento en que esa violencia tiene lugar para impedirla y se sienten impotentes. Es ahí donde la novela nos lleva, esa impotencia de no poder hacer nada contra la violencia llevará a la protagonista a una situación que no espera y que no sabe el porqué de ella.

      En un momento dado, Noemí irá en busca de un taxi y creyendo que va por el buen camino para llegar a él pero su rumbo tomará un giro de 180º y se verá envuelta en una situación que no había previsto, dejándose llevar, se verá envuelta en una situación que desconoce por completo. Encontrará una niña que la guiará a presenciar esa situación desconcertante.

       Se trata de una situación violenta en la que un hombre está agrediendo a su mujer, los padres de la pequeña, y en tan sólo un instante está situación cambiará por completo, intercambiando los roles: la mujer agredirá al hombre. Pero lo más chocante de todo esto es que la niña ha desaparecido, quedando completamente sola la protagonista. Podemos pensar que el hecho de que esta situación ocurra de este modo, donde la protagonista se deja llevar por sus instintos sabiendo que el camino que está tomando no es el correcto y el hecho de que la niña que la guía desaparezca, nos hace dudar de si lo que ha sucedido es real o no lo es. La sensación que nos transmite es de que la niña se ha metido en el cuerpo de la protagonista y es esta quien ha interrumpido esa situación ayudando a la madre.

      Más tarde, Noemí decide escribir lo que le ha sucedido y que esto sea el relato para su amigo. Este le dice que en un principio creyó que se trataba de una historia real pero que era demasiado macabra como para serlo y que, finalmente, había encontrado el artículo que le había servido de inspiración. Este artículo junto con una fotografía le hace ver a Noemí que aquello que ella vio no fue fruto de su imaginación sino que fue real y que sin saberlo como la niña la llevó a ese escenario violento que tuvo lugar en Marsella. Noemí no da crédito de que aquel sitio donde ella estuvo y donde presenció esa escena esté tan lejos. Así que, decide seguir el mismo camino que la noche de los sucesos, es decir, el camino que la llevará a aquella casa, a constatar que lo que ella vio sucedió en París y no en Marsella como ese artículo anunciaba. Noemí llega al lugar y la casa ya no es la misma. Ve a la niña junto a ella, quién dio un salto en el espacio y en el tiempo para ayudar a su mamá. Su profundo dolor y su necesidad la llevaron a otro lugar, a encontrarse con Noemí, a confluir vitalmente en ella y a ayudar a su madre. La niña en su angustia borró las barreras espaciales y una persona ocupó el lugar exacto de otra. La casa y el lugar, la niña y la escritora, todos cohabitando el mismo espacio. Y es ahí donde encontramos lo fantástico de este cuento. Ese salto en el tiempo y en el espacio.

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