Manuscrito hallado en un bolsillo

Publicado por Caroline Rahier aqui

Manuscrito hallado en un bolsillo de Julio Cortázar. Para leer el texto picha aqui

Esta novela corta de Julio Cortázar cuenta la historia de un hombre que juega en el metro de París. El juego consiste en elegir una parada de metro al azar, subir al metro e ir rumbo a esta parada. Si durante el trayecto encuentra una mujer que le gusta y que ella se para en la misma parada que él, se otorga el derecho de hablar con ella “La regla del juego era ésa, una sonrisa en el cristal de la ventanilla y el derecho de seguir a una mujer y esperar desesperadamente que su combinación coincidiera con la decidida por mí antes de cada viaje”. Pero un día, por intriga de la mujer que llama Ana, sobrepasa las reglas del juego y aborda esa mujer. De allí empiezan a verse cada martes en el mismo café y a hablar, hasta que un día el hombre le confiesa a Ana lo del juego y que se den cuenta de la ilegitimidad de su encuentro. Así deciden de darse una segunda oportunidad durante 15 días para volver a encontrarse, pero esta vez sin traspasar las reglas.

Esa novela a primera vista no parece tan fantástica como pueden ser las otras del mismo autor, solo parece contar la historia de un hombre que tiene un ocio muy raro. Sin embargo, como en todas las novelas de Cortázar existe un doble nivel de realidad que al fin y al cabo da a la novela este aspecto fantástico típico de Cortázar. Él va a jugar con un doble desdoblamiento para llevar el lector a reflexionar.

En el relato es como si el personaje masculino se encontrara en otro mundo cuando está en los subterráneos del metro. En ese mundo el nombra a las mujeres como le da la gana contrariamente a la realidad de la calle, donde cada persona tiene su propio nombre. Después, él nos explica que ve en las ventanillas el reflejo de Ana, la mujer sentada enfrente, y extrañamente considera el reflejo como otra persona y la nombra Margrit “quedé frente a Ana y casi enseguida, porque había bajado al metro para jugar una vez más el juego, busqué el perfil de Margrit en el reflejo del vidrio de la ventanilla”. Así ya desde el principio, con esos dos hechos, el autor nos expone los dos conceptos (la realidad y el humano) que van a experimentar un desdoblamientos en el cuento.
En la novela se perfila dos realidades, como si existiera la que cada uno se representa o imagina a su manera (abajo en los subterráneos), y la que consideramos como la verdadera realidad (arriba en la calle). No obstante identificamos también el desdoblamiento de personalidad con Ana y Margrit.426554537_b13230b314
En este mundo el hombre consigue percibir como una doble personalidad en las personas, nos habla de dos persona presente en un solo cuerpo. En el mundo de abajo es capaz de distinguir La mujer “real” que está en carne y huesos en el metro con él, y otra mujer que se expresa solo a través de la ventanilla del metro, un poco como la “conciencia” de la persona viva que solo se puede ver a través del reflejo. Como si el reflejo fuera la personalidad o conciencia de la persona, algo que existe, que es presente pero invisible arriba, como si este otro mundo pudiera revelar cosas invisibles en nuestro mundo de arriba.
Gracias a ese desdoblamiento de la personas Cortázar consigue crear ese efecto fantástico. El hombre parece poder comunicar con el reflejo como si fuera una persona aparte, y eso, porque el autor usa técnicas de personificación dando al reflejo apariencia y nombre. Pero más que un efecto fantástico eso nos llevar a plantearnos problemáticas del tipo: ¿lo que llamo o veo como “realidad” es real, objetiva y única? ¿Es la misma para todos o puede ser que haya distintas realidades subjetivas a cada uno?
Ese reflejo puede definirse de maneras diferentes, también podríamos imaginar los subterráneos del metro como un mundo en el cual las apariencias están dejadas para que pueda aparecer la verdadera identidad de cada uno o, como una apertura a la otredad a través ese reflejo como conciencia. El reflejo está claramente pendiente del cuerpo pero parece tener otras ideas, reacciones que el cuerpo. “ si algo podía yo prever era que en algún momento Ana se volvería distraída hacia la ventanilla y entonces Margrit vería mi reflejo, el cruce de miradas en las imágenes de ese vidrio […] que da a las caras una vida en otros planos, les quita esa horrible máscara de tiza de las luces municipales del vagón y sobre todo, oh sí, no hubieras podido negarlo, Margrit, las hace mirar de verdad esa otra cara del cristal porque durante el tiempo instantáneo de la doble mirada no hay censura, mi reflejo en el vidrio no era el hombre sentado frente a Ana”, “yo creo que Marie-Claude me dejaba venir y estar en su presente como quizá Margrit hubiera respondido a mi sonrisa en el vidrio”
La interpretación es propia a cada uno y es lo que hace tan enriquecedor este cuento

Además de este desdoblamiento de los personajes existe también en la novela dos espacios: abajo en el metro y arriba afuera en la ciudad, como dicho antes. Otra vez esa pareja puede corresponder a muchas interpretaciones muy distintas según cada lector. Sin embargo podríamos ver esa dualidad de espacio, dimensión o realidad de un punto de vista ocultista. Resultaría que la red del metro en el subterráneo de Paris podría identificarse como una alegoría del destino, y más precisamente en este caso, del destino amoroso “todo está decidido por adelantado sin que nadie pueda saber si saldremos juntos”. Cortázar emite la idea que existe una infinidad de posibilidad,” las doscientas, trescientas, vaya a saber cuántas posibilidades de combinación para que cada célula codificada y programada ingrese en un sector del árbol y aflore en otro” y que cada decisión engendra un encadenamiento de efectos, que puede cambiar este destino. “desde ese momento cada estación del metro era una trama diferente del futuro porque así lo había decidido el juego”.

Las reglas del juego y la imagen de la red del metro en forma de árbol pueden recordarnos la vida o el destino “plano del metro de París define en su esqueleto mondrianesco, en sus ramas rojas, amarillas, azules y negras una vasta pero limitada superficie de subtendidos seudópodos: y ese árbol está vivo veinte horas de cada veinticuatro”. Es verdad que en la vida queremos llegar a un punto: encontrar el amor, tener un trabajo etc. “llevaban rápidamente a destino, a eso que en los medios de transporte también se llamaba destino”. Este deseo es singular a cada uno, y seguimos todos un camino propio que se entrecruza con otros y en el cual puede ocurrir lo que sea. Así se alarga o se acorta el camino hasta este punto.can-stock-photo_csp1947079
Desde este punto de vista en el relato el metro seria como la representación de nuestro destino, como las Moiras en la mitología griega que controlaban el hilo de la vida de cada mortal desde el nacimiento hasta la muerte.
De esta forma se podría explicar la razón por la cual los dos personajes deciden de volver a encontrarse: al sobrepasar las reglas en el metro seria como si engañara al destino para llegar al punto deseado más rápido. Como si hubieran saltado etapas antes de encontrarse, lo que hubiera podido cambiarlo todo, y que en otras circunstancias no se habrían encontrado nunca. Así al intentarlo otra vez prueban que el destino les hubiera reunido de toda forma y que ese encuentro no es una casualidad provocada por una infracción.

Al margen de esa técnica de desdoblamiento, Cortázar introduce en el relato un elemento muy misterioso difícil de definir: este pozo lleno de arañas que vuelve con recurrencia en el relato. Esas arañas son presente cada vez que el personaje masculino experimenta angustia o impaciencia, y lo devoran desde dentro “las arañas clavaron sus uñas en la piel del pozo para una vez más vencerme desde adentro”. Esas arañas podrían verse como animales fantásticos y misteriosos que amenazan el hombre delante una situación desconocida, como si el debería luchar contra ellas para no dejarse devorar por los sentimientos negativos. “Entonces empezaba el combate en el pozo, las arañas en el estómago”

Para resumir, con esta novela Cortázar nos entrega otra vez una novela con la cual alcanza su objetivo: obligar el lector a cuestionarse. Está claro que cada uno se preguntará cosas distintas y las interpretarán a su manera pero el punto de partida para la reflexión será siempre el mismo: la crítica del concepto de realidad. Como hemos visto esa novela puede leerse de muchas maneras distintas y cada uno encontrara en ella una reflexión diferente. Su contenido puede parecer no interesante, aburrido hasta inapropiado pero, una vez más, Cortázar consigue a provocarnos con arte un efecto de reflexión común a todos pero distinto a la vez.

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