LEJANA-JULIO CORTÁZAR

     

 

            El cuento está escrito en forma de diario en el que la protagonista, Alina Reyes, cuenta sus pensamientos, sus imaginaciones y sus sentimientos. Durante la narración la protagonista siente lo mismo que “Lejana”, una mendiga aparentemente de Budapest y que en principio parece ser fruto de la imaginación de Alina Reyes. El autor va cambiando constantemente de persona y de tiempo en la narración: de la primera persona a la tercera y viceversa; del presente al pasado. Crea en el lector una confusión durante todo el cuento ya que éste no sabe si se trata de una misma persona que está desdoblada en dos sitios a la vez, o bien es una forma que tiene la protagonista de evadirse de su monótona realidad imaginándose como una mendiga, todo lo contrario de lo que ella es en realidad. 

 

            Este cuento trasgrede la realidad desmintiendo, por así decirlo, el concepto de que lo que se percibe a través de los sentidos es lo real. Durante el relato se juega con la falta de limitación entre lo real y lo imaginario para convertirlo en algo ambiguo hasta el punto de no saber lo que es real y lo que es imaginario. En el diario se nos presentan dos mundos totalmente opuestos: el teóricamente real, el de Alina, una mujer rica y con la vida resuelta que vive sin aparentes preocupaciones y en un sitio cálido; y el imaginado por Alina en el que ella es una mendiga maltratada casi a diario que sufre el frío de Budapest. Reina frente a mendiga. El autor no deja claro en ningún momento hasta qué punto es ficticia o real la historia de Lejana: “a veces sé que tiene frío, que sufre, que le pegan. Puedo solamente odiarla tanto, aborrecer las manos que la tiran al suelo y también a ella, a ella todavía más porque le pegan, porque soy yo y le pegan.

Porque a mí, a la lejana, no la quieren. Es la parte que no quieren y cómo no me va a desgarrar por dentro sentir que me pegan o la nieve me entra por los zapatos cuando Luis María baila conmigo y su mano en la cintura me va subiendo como un calor a mediodía, un sabor a naranjas fuertes o tacuaras chicoteadas, y a ella le pegan y es imposible resistir y entonces tengo que decirle a Luis María que no estoy bien, que es la humedad, humedad entre esa nieve que no siento, que no siento y me está entrando por los zapatos”;

“Pensé una cosa curiosa. Hace tres días que no me viene nada de la lejana. Tal vez ahora no le pegan, o no pudo conseguir abrigo. Mandarle un telegrama, unas medias…”. “Anoche la sentí sufrir otra vez. Sé que allá me estarán pegando de nuevo. No puedo evitar saberlo, pero basta de crónica”.

 

En estos fragmentos se puede observar esa falta de limitación entre lo real y lo imaginado, es decir, si Lejana es solo una creación de su mente, cómo puede llegar a sentir lo mismo que ella de una forma tan cercana y tan física, cómo puede sentir su dolor, el frío que ella padece… porqué unas veces Alina habla de Lejana en tercera persona y al mismo tiempo dice que es ella misma. A pesar de esta falta de límites el autor deja entrever la idea de que hay algo que las une y no se sabe lo que es.

 

            Al final del cuento hay un cambio claro en la narración. El diario termina y la historia pasa a ser contada por un narrador extradiegético que describe el encuentro entre Alina y Lejana. Las distintas teorías que pudieran haber pensado los lectores sobre lo que era real y lo que era imaginario en el relato se caen por el peso de la narración. Se pone en duda el concepto tradicional de realidad que conocemos con el encuentro entre las dos ya que se une en un mismo plano lo real y lo irreal. Uno no sabe si en realidad se trata de la misma persona, o de dos distintas que intercambian sus papeles. Si lo real es todo aquello que pueda ser clasificado y nombrado, no solo lo perceptible por nuestros sentidos, un pensamiento que pueda ser nombrado es tan real como la persona que lo piensa. Por lo tanto, esta nueva visión de la realidad nos puede conducir a la conclusión de que, de la misma forma que Alina parece evadirse de lo que la rodea en su diario mediante el pensamiento de Lejana, el cuento podría narrar, en realidad, los pensamientos de una mendiga de Budapest que se imagine ser Alina, una “reina” que tiene la vida resuelta y que fruto de su aburrimiento imagina ser una mendiga. En cualquier caso las dos mujeres son reales, ambas son la misma persona dividida en dos dimensiones o realidades que crean interferencias entre sí de vez en cuando y llegan a tocarse, y puede que intercambiarse, en el puente helado de Budapest.

 

 

 

 

 

 

Pablo Ramón Fernández

 

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