“Un amor como abrir los ojos. Y quizá también como cerrarlos”

Último deseo

Antes de dejar de respirar
antes de retirarme definitivamente de este juego
no pongan ni siquiera un Cristo entre mis manos.
Pon tu sonrisa y tu mirada y que eso sea el paraíso
(Sergio Hernández , Chile – 1931 – 2010)

“Juntos podemos con todo”, le digo. Y así es como uno y uno suman dos en el amor, en la amistad, en la vida. Siempre he dicho que las cosas malas cuando se comparten, se dividen; y las buenas, se multiplican.

Poesía vertical IV, poema 25.

Dijo Juarroz: “Estar en compañía no es estar con alguien, sino estar en alguien”.                   Este poema de estilo conversacional es en sí una apelación a un tú que ya no está (y al propio lector de forma “indirectamente emocional” ¿o debería decir directa?); pero ese “tú” es el eje del poema. Está dedicado a Antonio Porchía, gran amigo del autor.  A través de la experiencia de ambos protagonistas, el yo lírico explora el mundo de lo compartido, refugiando su aflicción en el “nosotros” (un recurso también muy utilizado) : “Lo hemos buscado todo, lo hemos hallado todo, lo hemos dejado todo”. Pero precisamente con ello consigue implicarnos en su dolor.

El poema tiene una fuerte carga emocional, nostálgica, de gran sentimiento. Está plagado de símbolos, pese al lenguaje sencillo que utiliza. Es muy lírico y tiene elementos propios de la poesía experimental: la sonoridad, algún caso de paronomasia, continuas antítesis, paradojas. Todo esto genera imágenes con mucha fuerza. De hecho, ese lenguaje cercano pero combinado con la gran cantidad de figuras literarias es una contradicción más dentro del texto. El verso es libre; pero el paralelismo en las estrofas, los adjetivos contrapuestos y las anáforas consiguen darle un ritmo y una musicalidad muy atrayente, muy personificador. Actúan como intensificadores para transmitir las emociones. Las metáforas son exquisitas y algunos de los versos actúan como verdaderas sentencias. ” El tiempo se convierte en antitiempo/porque ya no lo piensas”. El dolor es latente.

Los dos tercetos finales, a modo de reflexión, contienen una bonita pero triste metonimia donde expresa cómo la muerte llega demasiado temprano, sin darles la oportunidad de elegir.

El valor de la amistad, del compartir, de sentir que dos corazones suman solo uno…  “Juntos podemos con todo”, le digo, y me sonríe. Y siento que la palabra más bonita del diccionario es “nosotros”; porque nosotros solo somos tú y yo, y en esa palabra solo hay espacio para ti y para mí.

“Se vive con la esperanza                                                                                                                 de llegar a ser un recuerdo”.  Antonio Porchia

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