‘Apocalipsis de Solentiname’ de Julio Cortázar

‘Apocalipsis de Solentiname’ es una refundición, con nuevos significados, de una obra anterior de Julio Cortázar que se llama ‘Las babas del diablo’ y las similitudes entre los dos son deliberadas. Este cuento cuasi-autobiográfico relata la historia de un escritor, Cortázar él mismo, que ha viajado por Latinoamérica. Al principio está en Costa Rica en plena asombro de ‘Blow Up’ pero no quiere responder a las preguntas de la prensa y termina su recorrido en Solentiname, una pequeña comunidad insular de cristianos radicales. Allí se encuentra con unas pinturas inocentes en un rincón, las cuales le impresionan por su belleza y se da cuenta que son pinturas de campesinos de la zona, los cuales describen la esencia del lugar: “Una vez más la visión primera del mundo, la mirada limpia del que describe su entorno como un canto de alabanza”. Al día siguiente, decide tomar fotos a los cuadros, y le quedaban tantas fotos como cuadros, por lo cual alcanzó a retratarlos todos.

Luego de su viaje, vuelve a París (donde vive) por mostrarlas a su mujer Claudine. Monta el proyector pero cuando revela las fotos, descubre que las imágenes de los cuadros han sido sustituidas por escenas de tortura, de represión política, de la
masacre de Solentiname hace poco tiempo y de guerra de todos los países de Latinoamérica, incluso la ejecución de Roque Dalton: “la pistola del oficial marcando todavía la trayectoria de la bala…cuerpos tendidos boca arriba…la muchacha desnuda boca arriba y el pelo colgándole hasta el suelo…ráfagas de caras ensangrentadas y pedazos de cuerpos y carreras de mujeres y de niños por una ladera boliviana o guatemalteca”. Está aterrorizado porque ha fotografiado lo que pensó era Solentiname pero las fotos muestran la realidad violenta. Está en estado de shock y cuando llega su mujer no puede explicar lo que pasó. Cuando la muestra las fotos ella solamente ve las fotos de los hermosos cuadros y él dice nada.

En un típico giro cortazariano, nunca explica si las otras fotos son una alucinación, un truco, un fenómeno o un milagro. Deja el lector con su propia opinión, creyendo quiere lo que quiere. Pero hay un mensaje que, detrás del exterior agradable, hay una verdad menos agradable que se ignora porque se escoge centrarse en el exterior embellecido. Una explicación del fenómeno disminuiría el mensaje y la metáfora.

La cuenta contiene alusiones abiertas al tema de la autenticidad – “¿por qué no vivís en tu patria?” – y no es difícil leerla como un gesto de autocrítica y de rectificación. El narrador se comporta como el turista progresivo estereotípico, lleno de entusiasmo para causas populares en Latinoamérica pero últimamente motivado por la voluntad del cosmopolita rico para reunir tales causas en forma de artefactos culturales. Pero estos artefactos, especialmente cuando hecho por campesinos, llega a ser efectivamente las muestras fetichizadas de un compromiso político hipotético y abstracto. De hecho, el narrador no se digna a comprar cualquiera de las pinturas, prefiriendo el método más barato y más eficiente de hacer copias fotográficas. El carácter de Ernesto Cardenal irónicamente lo acusa de ser “ladrón de cuadros, contrabandista de imágenes”.

Otro tema es la idea política del ‘escritor comprometido’ porque este cuento evidencia la época de las dictaduras en Latinoamérica, lo hace de una manera muy sutil. La frase, “parece que el escritor tiene que estar comprometido”, hace alusión al compromiso de los escritores, lo cual deja claro que el escritor quiere dejar algo al descubierto. La dificultad de conciliar un arte comprometido con el pueblo con una escritura difícil, vanguardista, aparece el en primer párrafo. La América Latina de las pinturas contrasta con la sensación del narrador en la misa del domingo, en la que, siguiendo los postulados de la Teología de la Liberación, el Evangelio es leído como si fuera parte de la vida cotidiana de los campesinos: “esa vida en permanente incertidumbre de la islas y de la tierra firme y de toda Nicaragua y no solamente de toda Nicaragua sino de casi toda América Latina, vida de la Argentina y de Bolivia, vida de Chile y de Santo Domingo, vida de Paraguay, de Brasil y de Colombia”. El arte naif de los campesinos no da cuenta del miedo, del horror de vivir en la América Latina de los setenta. Lo que el escritor comprometido debe hacer es, sin renunciar a su proyecto artístico, sin simplificar sus hermetismos, enfrentarse a esa realidad atroz y representarla. En el ejercicio literal del fotógrafo-escritor, en ‘Apocalipsis de Solentiname’, revela el apocalipsis que está detrás de los paisajes bucólicos y la mirada prístina de los habitantes del continente.

Por Selen Gurdere

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