La virgen de los sicarios & Ciudad de Dios

Publicado por Roberta Esposito en https://derutaporamericalatina.wordpress.com/

La virgen de los sicarios y Ciudad de Dios son dos películas que describen brillantemente la violencia y la pobreza de América Latina, precisamente la de Colombia por un lado y la de Brasil por el otro. Las dos películas tienen muchas cosas en común y la religión es una de ellas. En La virgen de los sicarios (se puede advertir ya por el título) y en Ciudad de Dios se observa cómo, en una sociedad sin leyes, fundada en la violencia, la religión ocupa un papel importante. Los adultos, los jóvenes y los niños son todos sicarios que matan como si estuvieran jugando a los soldaditos. Al mismo tiempo rezan a la virgen y son devotos a la iglesia. La religión es muy importante en estos jóvenes que mantienen vivas sus creencias visitando estos santuarios. Sobre todo en La virgen de los sicarios muchas escenas se desarrollan dentro de las iglesias. De hecho los sicarios de Medellín conservan una fuerte piedad popular y devoción por María Auxiliadora, peregrinando muchos al santuario mariano de Sabaneta.

Junto al tema de la religión está el tema de la violencia y la de la corrupción. Ambas ciudades de Medellín y de Ciudad de Dios se muestran hundidas en la pobreza y en la miseria con una juventud muy torcida la cual trata de obtener lo necesario a través de la violencia, una generación familiarizada con el crimen, de chicos que matan a la edad de empezar a leer. Son ciudades de horror y caos, donde las deudas de sangre pasan de hermanos a hermanos, y de amigos a amigos, y donde solo las iglesias son oasis de paz. Esas ciudades están dominadas por pandillas de sicarios y bandas de narcotraficantes. Así pues las dos ciudades no tienen leyes ni justicia o, mejor dicho, la justicia anda por las manos de cualquiera. Además la muerte de cualquier persona es descrita como un acontecimiento natural en cada jornada. Es impresionante una escena de La virgen de los sicarios donde matan a un hombre por no dejar las llaves de su coche a un ladrón. Es muy impactante ver cómo corren los niños para ver la escena del crimen como si corrieran a por caramelos. También es asombroso ver que los dos protagonistas se burlan de una mujer por escandalizarse ante un tiroteo.

Tanto en Medellín como en Ciudad de Dios la muerte se observa en cada esquina y se huele por cualquier lugar. La vida depende de la muerte: no mates y no te mataran. En esas ciudades se pude morir por motivos tan absurdos, como pueden ser por ejemplo insultar a alguien en el metro o tener el volumen de la música demasiado alto. Aquí nadie tiene respeto para nadie y como dice el mismo protagonista de La virgen de los sicarios “se confunde el límite entre el pensamiento y la acción; y lo que va de uno al otro es lo que se llama civilización”. Civilización es lo que no hay en esas ciudades. Son ciudades donde los niños poseen armas mortales que usan sin escrúpulos y se creen adultos por tener una pistola y por haber ya matado a alguien, donde la droga es consumida por todos, incluso niños muy pequeños, son ciudades donde hay un alto nivel de vandalismo, donde la violencia es una herramienta de regulación de un grupo social, donde la policía es corrupta y donde la gente se mueve por venganza y por dinero.

Las dos películas logran describir increíblemente ese mundo que a nosotros los europeos nos parece tan distante pero que desafortunadamente aún existe.

La virgen de los sicarios
La virgen de los sicarios
ciudad de Dios
Ciudad de Dios
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