Parra y la dialéctica poética

La dialéctica filosófica de tesis, antítesis y al fin síntesis, hecho famoso por Hegel y más tarde Marx en su materialismo histórico se ha notado en cierto sentido en el mundo de poesía latinoamericana también. La primera mitad del siglo 20 era caracterizada en grande rasgos por una gran atención a la forma, al estético y por una lengua muy estilizado, por ejemplo en las obras tempranas de Neruda. En el marco de la dialéctica, lo podemos llamar la tesis. Durante los años 60 el péndulo de la historia se movió, la marea se cambió y consecuentemente apareció el antítesis, encarnado en el autor chileno Nicanor Parra y la movida de antipoesía. Cambiando el tono y la forma de representar la poesía, estos antipoetas querrían, como Parra dice en su manifestó, bajar la poesía del Monte Olimpo, a su lugar tan privilegiado para y contra los burgueses y convertirlo en algo más accesible y algo que “deban llegar a todos por igual”.
El poema breve “la montaña rusa” de Parra da otra perspectiva a estos cambios y conflictos radicales que estaba sucediendo en la poesía. Al mismo tiempo, resume el conflicto en pocas palabras.
La montaña rusa
Durante medio siglo,
la poesía fue,
el paraíso del tonto solemne.
Hasta que vine yo,
y me instalé con mi montaña rusa.
Suban, si le parece,
Claro que yo no respondo,
si bajan echando sangre por boca y narices.
De Versos de salón (1962),
Vemos como Parra describe los cambios dialécticos: la poesía antes era el paraíso de unos pocos, los tontos serios, probablemente refiriendo a autores e incluso los recipientes. Pero la llegada de la antipoesía marca el cambio, y su literatura se lo denota metafóricamente una montaña rusa, las atracciones en los parques temáticos con vehículos pequeños que circulan rápidamente. El último párrafo tiene la forma de invitación, pero con la advertencia que si entran en su montaña rusa, mejor dicho, su universo de antipoesía, puedan salir sangrando, afectado como ningún otro tipo de literatura.
Dos tendencias se muestran claramente en este poema; Por primero se destaca el lenguaje poco poético, casi coloquial con simples metáforas y unos enunciados dirigido sin ningún filtro al lector. Segundo, la idea subyacente de revolución – contra la poesía vieja pero también políticamente. Claro que ningún lector va a salir sangrando después de haber leído un poema, pero las causas que Parra está promoviendo, pueda influir en las decisiones del lector de formar parte de la revolución que parecía omnipresente por el continente en los años 60. En su manifestó, también se nota este visión revolucionario en su último párrafo donde quiere oponer la poesía de café con una antipoesía de la plaza pública, de la protesta social, donde una boca sangrante no sería sorprendente para ninguno.

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