Cinematografía brasilera

En los últimos 20 años, las películas de Brasil desafortunadamente han tenido dificultades en llegar al mercado europeo, pero en algunos casos, la calidad de las historias y las producciones ha sido tan obvias, que las europeas también han podido enterarse del mundo contemporáneo brasilero a través del medio cinematográfico.  Dos de los mayores éxitos son Estación central do Brasil (Estación Central)  de Walter Salles y Cidade de Deus (Ciudad de Dios) de Fernando Meirelles. Aunque cuentan dos historias muy distintas, las dos pelis tematicen en cierto sentido la manera en que la ciudad como construcción física afecta a las relaciones personales y sociales en áreas urbanas. Ciudad de Dios gira en torno a la favela en Rio de Janeiro del mismo nombre y su desarrollo entre los años 50 hasta los años 70, siguiendo el destino de joven Búscape y su percepción de la violencia y delincuencia que llegan a ser un tema omnipresente en el barrio. Estación Central, por otra parte, cuenta la historia de la antiheroína Dora, que se ocupa de cuidar al joven Josué después de que muera la madre de él; aunque vacilante al inicio, Dora decide ayudar al Josué encontrar a su padre, que vive en otro parte del país, y los dos embarcan en un “roadtrip” que no solamente los traen a lugares y destinos desconocidos, sino también funciona como un fuerte desarrollo personal.  

Las películas no solamente tienen en común que toman lugar en la misma ciudad (Rio de Janeiro). La estación de trenes y la favela funcionan en las dos películas en una manera parecida ya que están retratados como dos microcosmos: tienen sus propias reglas, sus propias tradiciones y su propia manera de manejar los asuntos. La estación y el barrio no solamente es una sala de tránsito, ni un hogar; Es un mundo en sí. Por ejemplo existe un gran nivel de autojusticia en los dos mundos. Cuando alguien intenta robar un radio en la estación, las guardas lo matan sin juicio. En Ciudad de dios, la justicia es mantenida por las pandillas, por lo cual es castigado severamente si alguien roba dentro de la ciudad, mientras que se pueda hacer lo que le da la gana afuera.  La policía se mantiene a distancia, al menos después de la entrada de las drogas, y solamente entran en la favela para vender armas. El sistema, entendido como las autoridades sociales y la policía, tampoco están presentes en la estación, lo que significa que cuando la madre de Josué muere, no hay nadie que le puede ayudar. Está dejado completamente solo en el mundo tan extraño y salvaje de la estación de trenes y termina siendo vendido a una pareja, que supuestamente quiere vender sus órganos. La problemática social también está presente indirectamente en su ausencia en Ciudad de Deus. En una edad joven, Bene y Ze Pequeño y también más tarde la pandilla de la “caixa baixa” empiezan su carrera delincuente sin que nadie les interrumpen. Todos están solos y encuentran sentido en el mundo matando, robando y tomando drogas. En el caso de Josué, si hay alguien que se mete en su trayectoria y aunque no es un modelo de rol obvio, a través del los sucesos logran a desplegar una relación significativo. En un sentido, parece que los microcosmos de las 2 películas producen un ambiente de ignorancia ante las relaciones sociales. Cuando Dora en la primer parte de la película está en el mundo pequeño de la estación, está presentada como un carácter increíblemente antipática, robando más bien dinero de personas que intentan enviar mensajes a sus queridos, haciendo ridículo de sus emociones. Encima vende el huérfano para poder comprar una televisión. En Ciudad de Dios, parece que una vida no vale más que una bala. El único carácter de los pandilleros que sí tiene un poco de moral y que ha encontrado el amor (Bené), muere antes de que se pueda escapar. Josué y Dora tienen más éxito en escapar; y se puede decir que el campo se contrapone a la ciudad en la narrativa de Estación central – porque encuentran una amistad,  el amor, una relación profunda que nunca habrían encontrado en el ámbito urbano.  La salvación de sus destinos ocurre afuera del contorno de Rio y de la estación, lo cual Bené también esperaría pero nunca lograba vivir. El titulo, Ciudad de Dios, hay que ser entendido fuertemente irónico; la favela no es un lugar de dios, no es un lugar de salvación. Afortunadamente, Brasil tienen cinematógrafos que lo pueden presentar en una manera que vale la pena ver!  

   

    

                

 

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