Rio de Janeiro vista por Fernando Meirelles y Walter Salles

Publicado por Marie Chaumont en http://evasionliteraria.wordpress.com/

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He elegido comparar Cidade de Deus (2002) de Fernando Meirelles y Kátia Lund con Central do Brasil (1998) de Walter Salles porque la dos películas se ubican en la ciudad brasileña Rio de Janeiro pero nos la retratan de manera muy diferente, aunque ambas se centran en los barrios desfavorecidos. Sin hablar del hecho de que las dos películas sean reunidas por Walter Salles, productor de la primera y director de la segunda, que también realizó una de mis películas favoritas, Diários de Motocicleta. He decidido de compararlas según tres enfoques, primero el retrato que hacen de la ciudad, de sus afueras y de sus habitantes, luego los aspectos de la violencia y de la seguridad en los que se centran y por fin la manera por la cual han optado para filmar esa realidad.

Tal como su título lo indica Cidade de Deus se centra en una favela de Rio de Janeiro llamada Cidade de deus, o sea la Ciudad de Dios. Seguimos su evolución desde su aparición al final de los años sesenta hasta los años ochenta cuando ya ha cambiado del todo. De hecho, si a su inauguración el barrio era compuesto de calles anchas sin asfalto todas paralelas y perpendiculares y muchas pequeñas casas bajas todas parecidas, diez años más tarde ya no es el mismo y consta de calles estrechas asfaltadas sucias, de altos edificios insalubres y de cabañas de chapa y madera. De primera vista casí podría parecer más acogedora la favela del inicio que la del fin pero esos no son los únicos cambios urbanos que se hacen ya que, con los años, llegan el agua corriente, la electricidad y el gaz, lo que es una gran amelioración. Y no es nada sorprendiente que Fernando Meirelles se haya interesado por la evolución urbanística de la favela cuando se sabe que, joven, se interesó por la arquitectura e hizo estudios de Arquitectura y Urbanismo. En cuanto a los habitantes, no se puede no ver que son muy pobres ya que sino no robarían ni traficarían tanto. Por lo que es del resto de la ciudad no se sabe mucho porque los contactos entre los dos se hacen muy raros. Se nos lo demuestra cuando la periodista, que por ser periodista debería saberlo, no se duda de que no haya agua caliente en la favela. Del resto de la ciudad, de hecho, sólo vemos la oficina del periódico y la calle de esta periodista y se nota que todo es mucho más limpio y tranquilo, las calles menos estrechas y los edificios en buen estado.
En Central do Brasil no se nos hace viajar a través del tiempo sino del espacio. Partimos de la estación de tren Central do Brasil, que se situa a la frontera del centro de la ciudad para hundirnos en las afueras y luego evadirnos hacia la región del Sertão Nordestino (Sertón en español). Así empezamos con calles asaltadas, inmuebles, trenes… pasamos por barrios de las afueras con edificios que parecen ser en desuso por tener las ventanas rotas, tags… y acabamos en un barrio muy parecido a la Cidade de Deus del inicio, o sea con calles anchas terrosas y centenas de casas bajas todas iguales, hasta Josué nota que todo se parece. Y también nos retrata la vida de los cariocas y otros brasileños que evolucionan dentro de una realidad social bastante oscura. Así se nos enseña la necesidad de escritores públicos por el gran número de analfabetos, los niños vagabundos tal como Josué que dejan sólo en la calle despuès de la muerte de su madre, el tráfico de órgano en el que Dora casí dejó a Josué, los trenes abarrotado en los que se pasa por las ventanas y se corre para poder entrar, las númerosas familias que andan en las carreteras con todas sus cosas para intentar encontrarse una vida mejor… Salles nos muestra ciertas consecuencias de semejante pobreza. Primero una fe muy presente que se nota en rezos gigantescos, fotografias con sacerdotes de cera, mensajes para Jesús… Y luego una gran generosidad, así Cezar les da de comer y les lleva en camión y un hombre no mucho más rico que ellos les ofrece a comer en el camión-bus.
De manera que estas dos películas han optado por mostrarnos la pobreza que se encuentra en Rio de Janeiro de dos maneras diferentes. Una centrándose en la evolución de una favela y de sus habitantes cada vez más violentos y otra centrándose más bien en los efectos de la pobreza sobre la población. Y claro, ambas películas nos hablan de la violencia y de la (falta de) seguridad que deriva de esa realidad.

En la película de Meirelles es flagrante que, tan sorprendente como puede parecer, violencia y seguridad son muy ligadas, tanto ligadas que casí ya no se distinguen. Al inicio, la violencia se ”limita” a los atracos cometidos por el ”Trio Ternura” que luego distribuye el botín entre los habitantes de la favela en cambio de que éstos les protegen de los policías. En la segunda parte las cosas vuelven muy diferentes. Ya no hay el no tanto peligroso ”Trio Ternura” sino clanes de traficantes de drogas que se hacen la guerra y matan sin razón. Y son esos clanes, como él del Pequeno Zé, los que crean las situaciones de violencia, que, al mismo tiempo, protegen el barrio… De hecho, con el Pequeno Zé al ”poder” se instala una paz relativa en la favela ya que lo hace todo para no atraer la atención de los policías diciendo, por ejemplo, a los del clan de Caixa Baixa de no atracar a nadie en el barrio. Y lo mismo ocurre, en el senso inverso con los policías. Se supone que son ”agentes de la paz” pero son totalmente implicados en los tráficos. Así proporcionan armas, liberan los líderes de los clanes en cambio de todo su botín, dejan a los clanes matarse entre ellos… Al final, el que más aseguraba la paz y la seguridad era Bené por impedir a Zé de matar a todo el mundo y protergerlo de los otros siendo amigo con todos. Y, en efecto, despuès de su muerte, la violencia aumenta aún más…
En Central do Brasil la violencia no es tanto presente como en Cidade de Deus ni tampoco se nos la mostra con tanta crudeza pero es bien presente. Muy temprano en la película, dos comerciantes matan a un joven por haberles robado un artículo. Más tarde, cuando Dora recupera a Josué en el piso de los traficantes, avisa Irene de no abrir la puerta en caso de que un señor bigotudo venga porque teme por la seguridad de su amiga, la del niño y la suya propia, lo que, sin mostrarnoslo, nos indica que puede ser muy violento el hombre. En cuanto a la seguridad vemos que es lejos de ser asegurada. Ya con el simple hecho de que nadie se preocupe por Josué que acaba de perder a su madre y de que se lo deje ”vivir” sólo en la estación de tren sin nada para comer. Se nota también cuando no choca más que eso el conductor de bus el hecho de que Dora le deje el niño sólo para que lo lleve a destinación.
De modo que en Cidade de Deus se nos enfrenta directamente y brutalmente con la violencia cruda, tema principal de la película, la vivimos con los personajes mientras que en Central do Brasil, más centrado en la historia de amistad, se nos muestra la violencia y la inseguridad por pequeñas pinceladas, de manera muy sútil.

Se criticó mucho a Mereilles por usar una estética supuestamente demasiado cercana de los anuncios publicitarios, lo que es bastante cómico cuando se sabe que justamente Salles trabajó en el cine-publicitario. Walter Salles también trabajó en el cine-documental pero tampoco cayó en esa trampa, y es que muchos lo hacen cuando quieren filmar una realidad tan dura… Así que hizo una película realista sin hacer un documental, con imagenes magníficas sin caerse en la imagen publicitaria. Lo que, a mi parecer, consiguió también hacer Meirelles, aunque ciertos digan lo contrario. Es verdad que usa imagenes mucho más estilizadas que Salles, mucho más trabajadas pero pienso que tiene todo su sentido. Primero porqué así usa imagenes a las que el público es bastante acostumbrado y logra atraerlo aunque el tema del film pueda darle miedo. Luego porque según las epocas, los lugares y los acontecimientos cambia la luminosidad, el tipo de imágenes, el ritmo… De manera que no estiliza simplemente por gusto del esteticismo sino también, y sobre todo, imagino, para identificar ámbitos precisos y, de esta manera, guiar el espectador en este mundo tan complejo que le da por ver. En cuanto a la visión que nos da Salles de la región del Sertão en Central do Brasil, cuando Josué va a buscar su padre, es totalmente inovadora. Ya no es esta imagen tan dura y cruel que el cinema brasileño solía darle sino el retrato de una región compuesta por paisajes rendidos magnificos por su inmensidad y pureza. Un último hecho me interesó mucho en las opciones de Fernando Meirelles, esta vez, fue la del casting. De hecho, no contrató a actores sino a amatores que vivían de verdad en las favelas, Cidade de Deus incluida. El único actor profesional es Matheus Nachtergaele que interpreta Cenoura, todos los otros han sido encontrados en un enorme casting durante el cual se hicieron dos mil intervistas. Y Meirelles nos explica que optó por esa solución primero porque no había bastante actores negros y, sobretodo, en interés de más autenticidad. Y, ¡ funcionó muy bien !

En fin, he preferido Cidade de Deus por ser mucho más dinámica y contar una historia menos suave que Central do Brasil, con menos sensiblería. Pero las dos maneras de filmar me gustaron mucho, ambas tienen tipos de imagenes muy diferentes con tanto interés y ambas nos permiten abrir una ventana hacia esa realidad tan alejada de la realidad europea en la que evolucionamos, sin caerse en los clichés ni en el miserabilismo.

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