Ciudad de Dios y La virgen de los sicarios

Publicado por: Pablo Torró Biosca

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Ciudad de Dios de Fernando Meirelles y Kátia Lund, y La virgen de los sicarios de Barbet Schroeder son dos películas que muestran la realidad de una sociedad marginal en la que impera la ley de la calle, la violencia y la droga, en los barrios pobres de ciudades suramericanas.
En este comentario analizaremos el modo en el que estas películas reflejan de diferente manera la importancia del entorno social en el desarrollo del individuo, la relación entre pobreza y violencia, el trato a la figura del intelectual y distintas maneras de mostrar una historia que refleja esta realidad.
Así pues, en primer lugar, podemos apreciar que en ambas películas, el entorno social pobre y violento en el que se crían y “educan” los habitantes de los barrios marginados de grandes ciudades suramericanas, afecta desde la infancia a los individuos de una sociedad abocada a estar regida por la ley del más poderoso. Por este motivo, aunque hay personajes con buen corazón como Bené, en Ciudad de Dios, o Alexis en La virgen de los sicarios, debido al clima de desorden social en el que han vivido desde pequeños, no dudan en matar a alguien si lo consideran “necesario”. En ambas películas observamos como en la calle se considera habitual la muerte de algún habitante por un tiroteo en la vía pública y a plena luz del día, esto ocurre delante de niños muy pequeños y los adultos, muchas veces, incluso se muestran indiferentes. De hecho, es sorprendente una escena de La virgen de los sicarios en la que el protagonista, Fernando Vallejo, y Alexis se mofan de una mujer por escandalizarse ante la visión de un cadáver tiroteado en la calle.
Este tipo de sociedad, está marcado por tres pilares que la rigen y la mantienen en la marginalidad: la droga, la violencia y la pobreza. Estos tres elementos están estrechamente relacionados ya que mediante el negocio de la droga, aquellos que lo dirigen se enriquecen a costa de empobrecer a sus clientes y eliminar a la competencia; esto hace que todo el mundo vaya armado para protegerse y la violencia sea una realidad diaria. El tema de la droga se refleja sobretodo en Ciudad de Dios, pero en las dos películas encontramos toda una estructura urbana forjada alrededor de negocios sucios como este: bandas enfrentadas, tiroteos por venganza, muertes gratuitas, miseria etc.
Otro elemento que encontramos en las dos películas, aunque prácticamente no tiene importancia y no está desarrollado, es el trato a la figura del intelectual, así, en Ciudad de Dios, la única persona que muestra interés por realizar una actividad profesional ajena al campo de la marginalidad, Buscapé, es tratado con indiferencia, pasa prácticamente inadvertido por la gente de su alrededor. En el caso de La virgen de los sicarios, el protagonista, al tratarse de un intelectual reconocido, es tratado por algunos conocidos como alguien importante, pero, en general, también pasa inadvertido. Ante esta situación, llegamos a la conclusión que la figura del intelectual es necesaria e imposible, necesaria porque, ante una sociedad tan atrasada sería importante la influencia de intelectuales que lucharan por cambiar esa situación, e imposible, porque la triste realidad es que en un entorno social como el de las favelas o los barrios pobres no hay cabida para los intelectuales.
Por último, es interesante observar como en las dos películas se refleja la situación que estamos comentando de manera completamente diferente. En el caso de La virgen de los sicarios, la historia nos es contada de manera tradicional, sigue un orden lógico y el protagonista lo es en todo momento mediante una trama sentimental, vemos como evoluciona de manera clara y como entiende la realidad que le rodea, aunque los personajes más cercanos a él la ven de otra manera. En el caso de Ciudad de Dios ocurre lo contrario, la historia se nos muestra de manera original y poética, aunque a veces es más complicado seguir los acontecimientos. Decimos que el modo de mostrar la historia es original porque se lleva a cabo de manera fragmentaria, conocemos la historia principal a través de diferentes historias individuales, primero se cuenta una y después otra, y, así, se va completando el argumento; por otro lado decimos que la construcción de la historia es poética porque se mezclan escenas impactantes de violencia explícita con elementos bellos y relajantes como música suave o imágenes hermosas, además la música ayuda a agilizar o relajar el ritmo de la historia.
En conclusión podemos decir que las dos historias nos hacen reflexionar porque, de manera diferente reflejan una realidad tan triste como auténtica y ambas nos dejan escenas geniales e impactantes que ponen en entredicho los valores que predominan en nuestra sociedad; así, en Ciudad de Dios vemos un niño que es obligado a escoger entre dos niños y matar al elegido, y en La virgen de los sicarios, vemos como un adolescente no tiene reparo ni remordimiento en matar a un ser humano pero es incapaz de matar a un perro. Estas escenas no son más que ejemplos de un tipo de sociedad desgraciada y condicionada por unas circunstancias desfavorables, pero son significativas porque no dejan indiferente al espectador y contribuyen al mayor entendimiento de la situación que se representa.

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